La repostería pontevedresa harecibido influencias de todos los pueblos que históricamente, han pasado por su geografía. La almendra llegó con los árabes, en la Edad Media: tartas, melindres, roscones de yema, rosquillas. La reina de este postre casero es la filloa, uno de los recuerdos de la época celta, y se emplea tanto en platos dulces como salados.
La filloa es, esencialmente una tortita hecha a base de harina y agua, harina y caldo o harina y leche, aromatizada con un poco de anís y a la que se le da cuerpo con un huevo. Se extiende sobre una sartén muy caliente, untada con tocino de cerdo y se deja hacer sin tostar demasiado.
Si se va a tomar sola, espolvoreada de azúcar o con acompañamiento de miel, mermelada o nata. Si se va a rellenar –de crema pastelera, nata o chocolate– puede ser un poco más gruesa. Incluso se puede flambear con aguardiente o con otro licor.
Arroz con leche, torrijas, leche frita, tetilla con membrillo, cañitas fritas rellenas de crema, son otros dulces de elaboración casera. Pero no podemos olvidar que la fruta como: cerezas, “freixoas”, manzanas, pexegos –el melocotón silvestre de Galicia que tan popular es en las Rías Baixas–, castañas, se toman al natural, en almíbar, maceradas en aguardiente o en otros licores, o formando parte de una tarta.
|